MNCT 993 – Pensamientos frescos sobre el Pensamiento

“A veces, un momento de revelación vale lo que una vida de experiencia.”

Oliver Wendell Holmes, Jr.

Es sorprendente lo seguido que siento estar teniendo una revelación completamente nueva acerca de la naturaleza de la experiencia humana sólo para descubrir que no nada más ya la había visto antes, sino que de hecho ya hasta he escrito al respecto.  De hecho, sucede tan a menudo, que me he visto tentado a titular mi siguiente libro, que es un seguimiento de The Inside-Out Revolution, “No… ¡DE VERDAD!” (En realidad se llama “El Espacio Interior: encuentra tu camino de vuelta a casa”, y será publicado por Hay House en mayo de 2016).

Esto apunta a la cualidad que tiene nuestra sabiduría interior de resultar “fresca en todo momento”.  Vemos lo que vemos cuando lo vemos, y nunca nos es tan obvio, verdadero y valioso como en el momento en que lo vemos.  Aquí una breve analogía:

Imagina que desde el momento de nacer, a todo ser humano se nos entrega nuestra propia vaca mágica a modo de compañía.  Cada vez que necesitemos alimento, lo único que tenemos que hacer es acudir a la vaca y ella nos dará leche fresca.  Siendo una vaca mágica, su leche es curativa, deliciosa y nutritiva, capaz de dar incluso al más intolerante a la lactosa exactamente lo que necesite para funcionar perfectamente a cada momento.

Ahora, imagina que con el tiempo nos olvidamos de nuestra compañera bovina, pero que nunca se nos deja de antojar su leche.  Podríamos tratar de saciar nuestra sed con la leche de las vacas de otras personas, mientras discutimos entre todos acerca de dónde encontrar la “única y verdadera vaca” y cuáles, de entre todas, tienen la leche más fresca y nutritiva.

Podemos vernos tentados a ir al pueblo cada domingo y traer un suministro de nuestra marca favorita, suficiente para durarnos una semana entera y así poder tenerla a la mano en caso de que en algún momento de nuestro día a día necesitemos ingerir alimento extra.  Pero la leche embotellada rara vez nos refresca como la primera vez que la tomamos, y sin importar qué tan maravilloso sea el maestro cuya vaca nos esté proporcionando la leche, nunca cumple con la mágica cualidad de proveernos con los nutrientes perfectos, como lo haría la leche de nuestra vaca.

Algunos de nosotros incluso andaríamos por ahí cargando botellas de la leche que nos nutrió de pequeños, y le echaríamos la culpa de su rancio sabor a nuestras indignas papilas gustativas en vez de reconocerlo como algo que le sucede a la leche cuando lleva demasiado tiempo alejada de su fuente de origen.

Finalmente, imagina que un buen día despiertas y recuerdas que el tener una vaca mágica es tu derecho de nacimiento como ser humano – un regalo divino para recordarte tu naturaleza espiritual mientras vives tu única vida en el mundo.  Miras sus ojos suaves y te das cuenta de que nunca te abandonó, y sientes un profundo agradecimiento por su presencia en tu vida.

Por supuesto, todavía podrías disfrutar probar la leche de otras vacas, pero dejarías de buscar que éstas fueran la base de tu nutrición.  Cargar leche vieja dejaría de parecer una buena idea, y volverías a confiar en tu compañera mágica como la fuente de la cual obtener exactamente lo que necesitas, exactamente en el momento en que lo necesitas…

La semana pasada, durante un intensivo con un cliente, tuve una sorprendente revelación acerca de algo que creía que ya sabía.  Estaba enojado, rumiando mi descontento mientras conducía a mi hija al colegio, maravillándome en silencio ante la incompetencia de todos los conductores excepto yo, cuando caí en cuenta de que no eran los conductores lo que me estaba haciendo enojar – sino que estaba viéndolos a través de ojos ya molestos.

No hubiera importado lo que colocaras delante de mi en ese momento – como mis ojos estaban rayados, todo en el mundo me hubiera parecido estar rayado y fuera de foco.  En una palabra, el problema no estaba en el mundo, estaba en mi mente.

Hasta aquí, todo consistente con lo que entiendo y enseño acerca de la naturaleza, creada a partir de pensamiento, de nuestra realidad.  Pero entonces fue cuando se puso interesante…

Un poco más tarde durante el trayecto, me empecé a enojar con mi hija por querer ir a una escuela que está tan lejos, con mi esposa por no haberse ofrecido a llevarla esa mañana, y conmigo mismo por no haberme enfrentado a ellas en su momento.  Y entonces lo vi:

Lo que estaba pensando no tenía nada que ver con mi enojo; estaba pensando con una mente enojada.

No hubiera importado qué pensamientos se me hubieran ocurrido en ese momento – como mi mente estaba rayada, cualquier pensamiento que hubiese pasado por mi cabeza, sin importar acerca de qué fuese o qué tan positivo pudiera haber sido, hubiera parecido rayado y distorsionado.

En otras palabras, el contenido de mi pensamiento era 100% irrelevante para la calidad de mi experiencia.  Mientras estuviera acelerado en mi mente, tendría una experiencia acelerada de cualquier cosa que pasara por mi cabeza en ese momento.  Una vez que mi mente se calmara, como inevitablemente tenía que pasar, otra vez crearía mi mundo a través de ojos amorosos.

Al compartir todo esto con mi cliente, ambos notamos que realmente era similar al axioma de adentro hacia afuera “lo que importa no es lo que piensas, sino es el HECHO de que piensas”.  Pero por alguna razón, ahora hacía sentido a un nivel completamente nuevo.

Si mi enojo y mi falta de claridad son funciones de una mente acelerada, independientemente del contenido del pensamiento que está fluyendo a través de esa mente, entonces el camino de vuelta a casa tampoco tiene nada que ver con ese contenido.  No necesitaba hacer sentido de la elección de escuela de mi hija, ni del deseo de mi esposa de dormir más; sólo necesitaba saber que una vez que me calmara, mi sabiduría interior/vaca mágica me daría exactamente lo necesario en el momento.  Si entonces hubiera algo que hacer, sería obvio; y si no, sería obvio también.

No necesitaba pensamiento fresco acerca de mi familia y acerca de mi vida; simplemente necesitaba entender lo que realmente estaba ocurriendo en ese momento.

En resumen, el mensaje de esta semana es:

  • No hay substituto para tu propia sabiduría en el momento, y esa sabiduría está siempre disponible para ti (y sólo para ti) en el momento.
  • No necesitas una vida nueva, sólo necesitas ojos nuevos.
  • No necesitas pensamientos diferentes – necesitas una mente más quieta en que pensarlos.

Y la mejor noticia de todas es que esas tres cosas – sabiduría innata, ojos frescos, y una mente quieta – ya los tienes.

Con todo mi amor,

Michael